martes, 27 de noviembre de 2012

Es pronto para despertar.

Hoy, sigo con mi plena felicidad. Si, después de dos meses continúo y la verdad que no sé hasta cuando me durará este estado de Nirvana. Lo que si sé es que me lo merezco. Si, joder, Madrid está compensando todas mis malas rachas en las que no veía el fin. Podría decir que no hay un motivo concreto para sentirme así de bien, o podría decir que hay muchos motivos. Pero es él, son sus caricias, su manera de tocarme, es su dulzura al besarme y cómo me hace sentir cuando estoy con él. Su forma de tranquilizarme, de hacerme reír, de abrazarme. Sobran las palabras, pero me hace sentir como una princesa. La princesa que no quiere despertar nunca de este cuento. Su princesa. Y es que el simple hecho de que me vea guapa recién levantada con mi cara más deshecha y los peores pelos que se me ocurran  me hace aún más feliz. Que soporte todas mis tonterías y encima le gusten, que me haga vibrar. Y, sinceramente, prefiero mil veces que me diga lo mucho que le gusto y que quiere estar conmigo y nadie más a que me regale los oídos con piropos que, al fin y al cabo, podrían ir para cualquiera. Me gusta su originalidad para decirme las cosas, su forma de arrastrar los pies cuando camina, sus miradas, y aunque nunca se lo vaya a reconocer...estoy pillada por su sonrisa. No cambiaría nada de él, me gusta tal y como es. Tío, que me encantas.