Y por fin te dices: Lo he conseguido, mientras esbozas una sonrisa de esas que te aseguran que, a partir de ahora, te ira todo viento en popa, y tu piensas que si, que a toda vela, que quieres aprovechar cada minúscula porción del tiempo, que te recompensará todo lo sufrido y por partida doble. No es un presentimiento, es lo que toca. No es ilusión ni esperanza, es certeza. ¿Qué cómo lo sé? No lo sé, lo siento.
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