jueves, 12 de enero de 2012

"Me encanta pasear cuando llueve porque nadie 


puede verme llorar"
 Rowan Atkinson.


No eres silencio, no soy pared.


Es posible que haya topado con el quid de la cuestión. Me explico. Hace tiempo que busco el por qué de muchas cosas, pero sobretodo de una que me tiene altamente intrigada: ¿Por qué hace falta empatía para que la sociedad funcione?
Hace un par de años ni se me hubiera ocurrido esta pregunta,  siempre he supuesto que las personas somos como tenemos que ser y que no existen las malas personas, sino las pésimas interpretaciones de los actos o los errores. Pero estaba muy equivocada…
Y ahora soy consciente de la crisis que tenemos encima y de lo endeudados que estamos con la moral. Pero arrojando un poco de luz al asunto, en defensa del ser humano diré que estamos a tiempo de solucionarlo. Que no cunda el pánico, no voy a dar un discurso a cerca de la moral ni mucho menos, estoy aquí para revelar la solución, o al menos intentarlo.
Desde nuestros inicios, la raza humano siempre actuó según sus preferencias sin mirar por los demás primero. Aunque siempre hay excepciones que confirman la norma. Pero esta actitud egoísta de lo más natural solamente entorpece nuestro progreso personal y, obviamente, atasca la relación con otras personas. Como consecuencia, nunca buena, podemos encontrarnos con una sociedad desestructurada.
Por eso admiro tanto a las personas capaces de ponerse en el lugar de otros antes de juzgar. Que no es necesario compadecerse del mal ajeno, sólo saber que está ahí, darse cuenta, no pido nada más.
Y aquí va mi solución: escuchar y entender.
Desde tiempos inmemorables, grandes sabios nos advierten de la importancia de saber escuchar. Veamos cierta frase que Séneca solía decir: “El que callar no puede, hablar no sabe”. Si tanta admiración sentimos por estos estas personas, díganme, ¿Cuál es el problema en seguir sus consejos?
El ser humano tiene la increíble capacidad de entender. Siento pena cuando veo esta cualidad inutilizada o como la ropa recién comprada: sin estrenar.
Si no me creen, alguien con más credibilidad como Albert Einstein    reafirmara mi teoría de la importancia de llegar a entender a los demás: “La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza”.
Hasta aquí mi trabajo de informar, después cada mente humana escogerá según sus intereses y preferencias, como siempre acostumbró a hacer.