miércoles, 14 de septiembre de 2011

Tomaré un café con leche, gracias.

Tiramos hacia delante, el pasado está muy visto. Aunque a veces recordar su aroma nos aporta parte del presente.
 Siempre pensé que el pasado es como el café: tiene color, olor, sabor y es muy personal. Unos poseen un pasado fuerte, oscuro y sin una pizca de dulzura. Un café agrio. Otros en cambio se empeñan en aclarar la oscuridad de sus vidas hasta un punto medio en el equilibrio entre lo bueno y lo malo. Un café con leche. Aparecen esas personas que le buscan el sexto sentido a la vida. Un cappuccino.Y luego están esas otras personas cortadas cuya vida es breve pero intensa que nunca se atrevieron a perder el sueño. Un corto descafeinado de cafetera.
Qué fácil es clasificar el café, pero que complicado es acertar en la elección. ¿Hablamos de café o de nuestras vidas?

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