Es
posible que haya topado con el quid de la cuestión. Me explico. Hace tiempo que
busco el por qué de muchas cosas, pero sobretodo de una que me tiene altamente
intrigada: ¿Por qué hace falta empatía para que la sociedad funcione?
Hace
un par de años ni se me hubiera ocurrido esta pregunta, siempre he supuesto que las personas somos
como tenemos que ser y que no existen las malas personas, sino las pésimas
interpretaciones de los actos o los errores. Pero estaba muy equivocada…
Y
ahora soy consciente de la crisis que tenemos encima y de lo endeudados que
estamos con la moral. Pero arrojando un poco de luz al asunto, en defensa del
ser humano diré que estamos a tiempo de solucionarlo. Que no cunda el pánico,
no voy a dar un discurso a cerca de la moral ni mucho menos, estoy aquí para
revelar la solución, o al menos intentarlo.
Desde
nuestros inicios, la raza humano siempre actuó según sus preferencias sin mirar
por los demás primero. Aunque siempre hay excepciones que confirman la norma.
Pero esta actitud egoísta de lo más natural solamente entorpece nuestro
progreso personal y, obviamente, atasca la relación con otras personas. Como
consecuencia, nunca buena, podemos encontrarnos con una sociedad
desestructurada.
Por
eso admiro tanto a las personas capaces de ponerse en el lugar de otros antes
de juzgar. Que no es necesario compadecerse del mal ajeno, sólo saber que está
ahí, darse cuenta, no pido nada más.
Y
aquí va mi solución: escuchar y entender.
Desde tiempos inmemorables, grandes sabios nos advierten
de la importancia de saber escuchar. Veamos cierta frase que Séneca solía
decir: “El que callar no puede, hablar no sabe”.
Si tanta admiración sentimos por estos estas personas, díganme, ¿Cuál es el
problema en seguir sus consejos?
El ser humano tiene la increíble
capacidad de entender. Siento pena cuando veo esta cualidad inutilizada o como
la ropa recién comprada: sin estrenar.
Si no me creen, alguien con más
credibilidad como Albert Einstein
reafirmara mi teoría de la importancia de llegar a entender a los demás:
“La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza”.
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