No. Que ganas tenía
de soltarlo, porque aunque parezca una de las palabras más sencillas de decir,
a veces cuesta, y mucho.
Hay situaciones que
te piden a gritos un "NO", en cambio muchas veces decimos
"SI" porque…¿Por qué? ¿Por qué cuando esa amiga interesada te llama
para quedar cuando no queda nadie más le dices que si? ¿Por qué cuando estas
desbordada en el trabajo y a última hora de ese horrible Lunes con tu mesa
llena de papeles llega tu superior con un nuevo trabajo aceptas? ¿Por qué
cuando te dan un pisotón de esos que duelen hasta horas después y nos preguntan
que si estamos bien decimos que si?¿Por qué cuando te piden ir a un lugar y tu
quieres quedarte dónde estás accedes a ir? ¿ Por qué cuando una persona fea nos pregunta si nos parece guapa no somos sinceros? ¿Por qué no podemos
decir que no nos gusta ese jersey amarillo chillón más visible que las señales
de trafico fluorescentes por la noche, que con tanto amor nos regaló la abuela?
Porque decir que no
a algo nos cuesta más que hacer aquello que aborrecemos para evitar las
consecuencias de la negación. Porque a todos nos molesta que nos nieguen algo
que queremos sin ponernos en el lugar de la otra persona, o fingiendo que lo
hacemos pero intentando inculcar nuestras propias preferencias.
Nos pasamos la vida intentando evitar el
"NO" para complacer al resto (meta imposible), pero lo cierto es que
"NO" debería ser nuestra palabra favorita.

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