Te despiertas una de
esas mañanas en las que todo te parece igual. La luz, la oscuridad, la seda, el
algodón y el esparto. Todo, todo tiene el mismo color, el mismo tacto y la
misma cara. El café te sabe a agua y el agua…el agua no tiene sabor.
Te miras en el
espejo y tu rostro se camufla entre tus pensamientos de madrugada. Mientras
buscas en tu cabeza una melodía que ambiente el Domingo que te depara, un
monótono sonido va apoderándose de ella. No te molesta, tampoco te acompaña,
sólo está ahí.
Y como las hojas que
abandonan el árbol a su pesar, te dejas llevar por la ausencia de vitalidad de
tus pies fríos.
Ni los escalofríos
ni los temblores superan el efecto que la soledad provoca en ti. Sientes que te
consumes lentamente, pero sólo lo sientes, no piensas en ello.
Pensar, pensar,
dicen que el pensamiento enloquece. Yo no les creo. La locura está
profundamente relacionada con los sentimientos. Nadie piensa el dolor, lo
siente, pero no sentir acaba produciendo dolor.
Sentir, sentir, ¿Qué
es sentir? Hoy no lo sé, quizá lo sepa un día sin h muda. Mudas quedan mis
palabras atrapadas en estas cuatro paredes que me acogen por obligación. Yo soy
su huésped. Yo soy su movimiento. Ellas son mi abrigo. Ellas son mi oído. Juntas
somos mi mundo.
Cada persona es un
mundo, pero no es sin el mundo que le rodea. La vida es un círculo vicioso de
mundos que se entrelazan entre si y se destruyen porque sí. Unos mundos
desaparecen del tuyo, otros llegan, pero, inconformistas, todos buscamos un
mundo mejor.
Lo cierto es que hoy
no tengo ganas de entrar en mi mundo, no sin calcetines. Últimamente lo noto
frío y distante y no quiero que mis pies se den cuenta. No me importa el tacto
de los calcetines, sólo el tacto de mis pies cansados de no cansarse de andar
con ganas. Son el reflejo de mi mundo y…es mi obligación que sientan lo
contrario que yo. Porque somos así, cuando nos sentimos tristes tratamos de
convencer a quien mejor nos conoce y a nosotros mismos de que estamos
contentos. Pero así sólo nos auto delatamos y nos volvemos extraños a nosotros
mismos. Hoy no se quien soy. Lo que si se es que no soy esa del espejo de en
frente, seguramente el espejo se haya confundido. Pero no voy a pensarlo más,
mis pies ya titubean al hablar por el frío y ya solo puedo pensar torpemente
mal.

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