domingo, 27 de noviembre de 2011

Si ya lo cantaba pereza: con los pies fríos no se piensa bien.


Te despiertas una de esas mañanas en las que todo te parece igual. La luz, la oscuridad, la seda, el algodón y el esparto. Todo, todo tiene el mismo color, el mismo tacto y la misma cara. El café te sabe a agua y el agua…el agua no tiene sabor.
Te miras en el espejo y tu rostro se camufla entre tus pensamientos de madrugada. Mientras buscas en tu cabeza una melodía que ambiente el Domingo que te depara, un monótono sonido va apoderándose de ella. No te molesta, tampoco te acompaña, sólo está ahí.
Y como las hojas que abandonan el árbol a su pesar, te dejas llevar por la ausencia de vitalidad de tus pies fríos.
Ni los escalofríos ni los temblores superan el efecto que la soledad provoca en ti. Sientes que te consumes lentamente, pero sólo lo sientes, no piensas en ello.
Pensar, pensar, dicen que el pensamiento enloquece. Yo no les creo. La locura está profundamente relacionada con los sentimientos. Nadie piensa el dolor, lo siente, pero no sentir acaba produciendo dolor.
Sentir, sentir, ¿Qué es sentir? Hoy no lo sé, quizá lo sepa un día sin h muda. Mudas quedan mis palabras atrapadas en estas cuatro paredes que me acogen por obligación. Yo soy su huésped. Yo soy su movimiento. Ellas son mi abrigo. Ellas son mi oído. Juntas somos mi mundo.
Cada persona es un mundo, pero no es sin el mundo que le rodea. La vida es un círculo vicioso de mundos que se entrelazan entre si y se destruyen porque sí. Unos mundos desaparecen del tuyo, otros llegan, pero, inconformistas, todos buscamos un mundo mejor.
Lo cierto es que hoy no tengo ganas de entrar en mi mundo, no sin calcetines. Últimamente lo noto frío y distante y no quiero que mis pies se den cuenta. No me importa el tacto de los calcetines, sólo el tacto de mis pies cansados de no cansarse de andar con ganas. Son el reflejo de mi mundo y…es mi obligación que sientan lo contrario que yo. Porque somos así, cuando nos sentimos tristes tratamos de convencer a quien mejor nos conoce y a nosotros mismos de que estamos contentos. Pero así sólo nos auto delatamos y nos volvemos extraños a nosotros mismos. Hoy no se quien soy. Lo que si se es que no soy esa del espejo de en frente, seguramente el espejo se haya confundido. Pero no voy a pensarlo más, mis pies ya titubean al hablar por el frío y ya solo puedo pensar torpemente mal.

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