jueves, 9 de febrero de 2012

Por ejemplo: Empecemos con un chocolate a las 18.28 pm.


Es posible que aquel señor de bigote que transmitía tanto misterio y desconfianza tuviera razón cuando propuso la ejemplaridad como solución al inmenso desorden social en que vivimos. Pero, como tantos otros artistas no fue escuchado. Al contrario, fue etiquetado de perturbado y pasó  a ser criticado sin juico, pero como muchos prejuicios, por gente que seguramente jamás sirvió de ejemplo a nadie.
Pero la cantidad de distintos modelos a seguir existentes es directamente proporcional al infinito, e inversamente proporcional a las verdades universales.
Precisamente de este asunto charlaba el pasado jueves con mi abuela. Era por la tarde, el sol aún estaba en lo alto, así que si mis cálculos no fallan serían unos 10 minutos más tarde de la hora a la que siempre nos veíamos, las 18:28 pm. 
Siempre me ha fascinado mantener conversaciones con mi abuela, porque me hacía sentir como un adulto. Si, ella veía más allá de mis inocentes ojos de 11 años de edad. Sabía exactamente lo que necesitaba solo con observar mi comportamiento, y yo sabía exactamente sus anhelos solo con adentrarme en sus pupilas. Estábamos completamente compenetrados, éramos como uña y carne. Me vio crecer y gracias a ella crecí.
Lo que más me agradaba cuando le hacia la visita diaria, siempre a la hora de la merienda, era la sonrisa que se le esbozaba al recibirme. Es posible que se trate de una de esas excepcionales sonrisas que sólo puedes describirle a tu cabeza, pero es cuan menos comparable con la aurora boreal.
Su sonrisa era como un aliciente a consumir de su sabiduría, que no era poca. Yo siempre le preguntaba y preguntaba, y ella siempre me respondía a todo minuciosamente y sin ninguna muestra de agotamiento como las otras personas mayores. Al contrario, disfrutaba casi tanto como yo.
Unos días me contaba sus experiencias de joven, otros días me hablaba de ciencia, y otros me daba consejos para llegar a ser alguien valioso y digno de imitación en un futuro. Decía que eso es más importante que todo el dinero del mundo, y solía repetirme que nunca, pase lo que pase, debo renunciar  a ser quien soy.
Tal vez, llegué a comprender sus palabras porque ella confiaba en mí capacidad, pero soy consciente de que no es algo habitual a mi edad. Tampoco he tenido una infancia corriente.
Aparentemente era un niño normal, pero el excesivo cansancio, la fiebre intermitente o el dolor en mis huesos pusieron en evidencia  esta normalidad. A los cuatro años me diagnosticaron Leucemia. Pero eso ya pasó, fueron tres años durante los que sufrí, pero también aprendí cosas increíbles en tan poco tiempo de experiencia en la vida.  Y aquí se encuentra la relación con mi abuela y con el señor “perturbado”.
A estas alturas, ya habrá interrogantes acerca del paradero de mi querida abuela. Contestaré con algo que ella me enseñó: No hay que precipitarse, cada cosa llega a su debido momento.
Bien, pues durante esa conversación que antes he mencionado, ella me dijo cosas que, según los que están en “la cima del cotarro” (como ella solía decir), no debemos conocer los niños. Yo le pregunté que si es un secreto como el de los reyes magos y su respuesta me sorprendió. Me dijo que no, porque ocultarnos esta información no esconde una intención inocente, sino manipuladora. Y acabó con un: <<Cuando seas un poco más mayor lo entenderás, cariño>>. Después se le escapó una risa floja y bastante experimentada.
Una de las cosas que me dijo es que el poder desde siempre a corrompido hasta al hombre más humano, que me ande con cuidado de caer en sus garras. También me habló de fenómenos como el calentamiento global o el efecto invernadero. De la violencia callejera, de lo peligrosas que pueden llegar a ser algunas personas que también fueron niños inocentes como yo, pero que no fueron guiados  por un buen camino, o más bien, por un buen modelo a seguir.
Automáticamente despertó mi curiosidad por conocer a la persona más ejemplar que exista, para elegir bien, pues siempre he sido muy precavido. Aquella fue la única vez que mi abuela no supo responder. Pero su respuesta estaba en su silencio. Mi modelo a seguir es ella.
No recuerdo cómo, pero seguimos conversando hasta el anochecer. Llegué a descubrir que no todo el mundo tiene la misma influencia en la forma de actuar del resto. Que sobre todo, aquellas personas de la vida pública deben mostrar una conducta correcta y servir de ejemplo al resto. De su boca salieron nombres de políticos y reyes que no consigo recordar.
Quise hablarle de la televisión, pero ella no mostró mucho entusiasmo. Estaba muy decepcionada con la conducta de varios personajes de algunos canales. Me dijo que la intención de estos no sólo es entretener. Quieren llamar la atención, y hacer normales conductas incoherentes. Yo le di la razón ciegamente, ella me reprimió. Acto seguido me explico por qué:
-          Hijo, nunca des la razón a alguien sin antes dudar de su opinión. Debes aprender a tener criterio propio y no dejarte manipular. Y siempre recuerda: respetar una opinión no significa posicionarte de su lado. Puedes discrepar, pero siempre con educación. Así, llegarás a ser alguien ejemplar.
-          ¿Ejemplar como el señor de bigotes del que me has hablado antes, abuela?
-          Si, o incluso más aún.
Después, con la escusa de tener la boca seca, nos tomamos un chocolate caliente. Pero no era un simple chocolate. Era nuestro chocolate, una receta especial que hicimos un día y que prometimos no revelar a nadie. Nunca.


Y aquí estoy, solo. Tomándome “nuestro chocolate de receta inconfesable” mientras me indigno por la falta de personalidad de algunas personas. Me lleno de impotencia al no poder hacer nada por cambiar ciertas conductas ilógicas…
 Estos cambios anotados en mi mente podrían ser el primer paso para cambiar tanto desorden, tanta maldad, tanta injusticia…Pero esto es sólo un ejemplo, que sea seguido está fuera de mi alcance.
Son las 18:28, en dos minutos sonarán las campanadas que anunciarán el funeral de mi abuela. Pero yo ya le he dado la despedida que ella quería. Nuestro chocolate, a nuestra hora.
Esto puede ser un buen comienzo de mi etapa como “señor de bigote”, y espero que para cuando mi voz esté agotada, yo también tenga a alguien pequeño por fuera y grande por  dentro llamando a mi timbre a la hora de la merienda cada día. Prometo ser su profesor, y darle lecciones de vida. Pero lo que más deseo es despertar su interés y llegar a ser su maestro.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Con lágrimas en los ojos.


Punto y aparte. Pero yo sólo pasaba por aquí, por tu vida, y ya me voy. Punto y seguido. Espero que este sea el punto y final.


jueves, 12 de enero de 2012

"Me encanta pasear cuando llueve porque nadie 


puede verme llorar"
 Rowan Atkinson.


No eres silencio, no soy pared.


Es posible que haya topado con el quid de la cuestión. Me explico. Hace tiempo que busco el por qué de muchas cosas, pero sobretodo de una que me tiene altamente intrigada: ¿Por qué hace falta empatía para que la sociedad funcione?
Hace un par de años ni se me hubiera ocurrido esta pregunta,  siempre he supuesto que las personas somos como tenemos que ser y que no existen las malas personas, sino las pésimas interpretaciones de los actos o los errores. Pero estaba muy equivocada…
Y ahora soy consciente de la crisis que tenemos encima y de lo endeudados que estamos con la moral. Pero arrojando un poco de luz al asunto, en defensa del ser humano diré que estamos a tiempo de solucionarlo. Que no cunda el pánico, no voy a dar un discurso a cerca de la moral ni mucho menos, estoy aquí para revelar la solución, o al menos intentarlo.
Desde nuestros inicios, la raza humano siempre actuó según sus preferencias sin mirar por los demás primero. Aunque siempre hay excepciones que confirman la norma. Pero esta actitud egoísta de lo más natural solamente entorpece nuestro progreso personal y, obviamente, atasca la relación con otras personas. Como consecuencia, nunca buena, podemos encontrarnos con una sociedad desestructurada.
Por eso admiro tanto a las personas capaces de ponerse en el lugar de otros antes de juzgar. Que no es necesario compadecerse del mal ajeno, sólo saber que está ahí, darse cuenta, no pido nada más.
Y aquí va mi solución: escuchar y entender.
Desde tiempos inmemorables, grandes sabios nos advierten de la importancia de saber escuchar. Veamos cierta frase que Séneca solía decir: “El que callar no puede, hablar no sabe”. Si tanta admiración sentimos por estos estas personas, díganme, ¿Cuál es el problema en seguir sus consejos?
El ser humano tiene la increíble capacidad de entender. Siento pena cuando veo esta cualidad inutilizada o como la ropa recién comprada: sin estrenar.
Si no me creen, alguien con más credibilidad como Albert Einstein    reafirmara mi teoría de la importancia de llegar a entender a los demás: “La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza”.
Hasta aquí mi trabajo de informar, después cada mente humana escogerá según sus intereses y preferencias, como siempre acostumbró a hacer.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Quiero a yo





Pero que poquitas canciones te piden que te quieras. ¿Qué a qué viene esto?¿ Es que hace falta que ponga una lista de canciones con: Te quiero, quiéreme, le quiero, no me quiere, quiere a otro, nos queremos, quiero, quieres, queremos, querido, por querer, quiero quererte…?¿y que hay de quiérete y después quiéreme?
"Como quieres que te quiera si el que quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera". 
Quien escribió esto obviamente no pensó que, a lo mejor, ese que no le quiere como quiere que le quiera no sepa quererse a si mismo como para quererle a ella  y encima con exigencias.
Hace falta valor para valorarse a uno, y es que no hay más sufrimiento que el de ser rechazados por nosotros mismos. Que se vayan al cuerno todos los que se quejan de desamores ajenos antes de los propios, porque una cosa está clara: no siempre nos vemos con los mismos ojos, y todos alguna vez nos hemos rechazado, unos más, otros menos.

Venga, que no cuesta tanto escribirle al amor propio, que seguro que nos lo acabamos agradeciendo a nosotros mismos.
<<Me quiero, me gusto. Quiero estar conmigo a solas, pero contigo no puedo. Solos yo y yo, sin ataduras, sin intermediarios, sin anuncios…porque si estoy conmigo a gusto no necesito nada más.>>
Suena altamente egocéntrico si, pero para aquellos que no distinguen entre amor propio y enorme ego. Que no cuesta tanto reconocer que todos alguna vez nos hemos lanzado flores en sentido metafórico, pero pobre orgullo que esconde esa parte de ti de la que ni puedes ni quieres huir.

lunes, 28 de noviembre de 2011

No, de nada.


No. Que ganas tenía de soltarlo, porque aunque parezca una de las palabras más sencillas de decir, a veces cuesta, y mucho.
Hay situaciones que te piden a gritos un "NO", en cambio muchas veces decimos "SI" porque…¿Por qué? ¿Por qué cuando esa amiga interesada te llama para quedar cuando no queda nadie más le dices que si? ¿Por qué cuando estas desbordada en el trabajo y a última hora de ese horrible Lunes con tu mesa llena de papeles llega tu superior con un nuevo trabajo aceptas? ¿Por qué cuando te dan un pisotón de esos que duelen hasta horas después y nos preguntan que si estamos bien decimos que si?¿Por qué cuando te piden ir a un lugar y tu quieres quedarte dónde estás accedes a ir? ¿ Por qué cuando una persona  fea nos pregunta si nos parece  guapa no somos sinceros? ¿Por qué no podemos decir que no nos gusta ese jersey amarillo chillón más visible que las señales de trafico fluorescentes por la noche, que con tanto amor nos regaló la  abuela?
Porque decir que no a algo nos cuesta más que hacer aquello que aborrecemos para evitar las consecuencias de la negación. Porque a todos nos molesta que nos nieguen algo que queremos sin ponernos en el lugar de la otra persona, o fingiendo que lo hacemos pero intentando inculcar nuestras propias preferencias.
 Nos pasamos la vida intentando evitar el "NO" para complacer al resto (meta imposible), pero lo cierto es que "NO" debería ser nuestra palabra favorita.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Si ya lo cantaba pereza: con los pies fríos no se piensa bien.


Te despiertas una de esas mañanas en las que todo te parece igual. La luz, la oscuridad, la seda, el algodón y el esparto. Todo, todo tiene el mismo color, el mismo tacto y la misma cara. El café te sabe a agua y el agua…el agua no tiene sabor.
Te miras en el espejo y tu rostro se camufla entre tus pensamientos de madrugada. Mientras buscas en tu cabeza una melodía que ambiente el Domingo que te depara, un monótono sonido va apoderándose de ella. No te molesta, tampoco te acompaña, sólo está ahí.
Y como las hojas que abandonan el árbol a su pesar, te dejas llevar por la ausencia de vitalidad de tus pies fríos.
Ni los escalofríos ni los temblores superan el efecto que la soledad provoca en ti. Sientes que te consumes lentamente, pero sólo lo sientes, no piensas en ello.
Pensar, pensar, dicen que el pensamiento enloquece. Yo no les creo. La locura está profundamente relacionada con los sentimientos. Nadie piensa el dolor, lo siente, pero no sentir acaba produciendo dolor.
Sentir, sentir, ¿Qué es sentir? Hoy no lo sé, quizá lo sepa un día sin h muda. Mudas quedan mis palabras atrapadas en estas cuatro paredes que me acogen por obligación. Yo soy su huésped. Yo soy su movimiento. Ellas son mi abrigo. Ellas son mi oído. Juntas somos mi mundo.
Cada persona es un mundo, pero no es sin el mundo que le rodea. La vida es un círculo vicioso de mundos que se entrelazan entre si y se destruyen porque sí. Unos mundos desaparecen del tuyo, otros llegan, pero, inconformistas, todos buscamos un mundo mejor.
Lo cierto es que hoy no tengo ganas de entrar en mi mundo, no sin calcetines. Últimamente lo noto frío y distante y no quiero que mis pies se den cuenta. No me importa el tacto de los calcetines, sólo el tacto de mis pies cansados de no cansarse de andar con ganas. Son el reflejo de mi mundo y…es mi obligación que sientan lo contrario que yo. Porque somos así, cuando nos sentimos tristes tratamos de convencer a quien mejor nos conoce y a nosotros mismos de que estamos contentos. Pero así sólo nos auto delatamos y nos volvemos extraños a nosotros mismos. Hoy no se quien soy. Lo que si se es que no soy esa del espejo de en frente, seguramente el espejo se haya confundido. Pero no voy a pensarlo más, mis pies ya titubean al hablar por el frío y ya solo puedo pensar torpemente mal.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Métodos de definición.


¿Alguien me podría definir compañerismo?
Existe una diferencia abismal entre contestar la primera idea que se nos viene a la cabeza, consultarlo con el diccionario y consultarlo con la almohada.
Desgraciadamente el primer mecanismo es el más empleado en nuestra espontánea o tal vez precipitada sociedad.
La segunda opción es para los altos, para los bajos, para los guapos, para los humildes, para los interesantes, para los interesados…para todas las personas que creen que todo tiene un significado y que debe estar escrito en algún lugar. Pero esto me suena mucho a campaña publicitaria de Coca-Cola. Tal vez  el problema de este grupo simplemente sea que no saben definir. Pero yo no me creo que alguien no sepa definir, si todos hablamos con palabras, escribimos con palabras, nos manipulamos con palabras…, obviamente definiremos con las palabras. Si a la hora de describir algo no se sabe cómo , es muy probable que el motivo sea que realmente se desconoce el verdadero significado de aquello que se pretende  describir. Pero estas personas prefieren buscarlo en el diccionario antes de invertir el tiempo de búsqueda entre las páginas del alfabeto  en idear una definición propia, porque creen que no saben definir.
Antes de continuar con el tercer método, me gustaría aclarar algo que quizás conduzca a ambigüedad: con consultarlo con la almohada no me refiero a reflexionar en ello mientras estás recostado en tu cama, tampoco quiero llevar a nadie a  rebuscar en la almohada, la definición no está ahí escondida.
Sólo busco demostrar que todos tenemos una almohada interior (aunque muchos no lo saben)en la que dejamos reposar nuestras ideas sin que pierdan su forma esencial, pero que si tengan la oportunidad de madurar y asegurarse de la coherencia de sus hipótesis antes de salir disparadas por nuestra boca.
Bien, aclarada esta cuestión, sólo me queda añadir que este grupo no es muy abundante, al menos no voluntariamente. Porque con la vida tan acomodada que se nos presenta en la que el único dedo que debemos mover para encontrar algo es el índice del ratón del ordenador, resulta complicado llegar a conocer a esas personas que elaboran una definición con los cinco sentidos, o incluso con los seis.
 No pretendo reprimir ni dirigirme a nadie en concreto, pero si alguien se da por aludido, le felicito y le animo a unirse a este último grupo. Es más, le garantizo que no se arrepentirá, porque la capacidad de definir únicamente se adquiere en la mente, y la mente recibe lo que nosotros le enviamos.
Y, para aclarar un poco el asunto a toda mirada oscura de incomprensión, aquí va la definición de compañerismo método por método:
Si empleamos el primer mecanismo, la definición de compañerismo quedaría más o menos de la siguiente manera: Pues es eso…cuando tú tienes que estar con alguien y aguantarle y el también te aguanta a ti porque os ha tocado así.
Si, en cambio, mientras nos estamos tomando una Coca-Cola, lo consultamos con el diccionario, nos encontramos con esto:  Relación de amistad, colaboración y solidaridad entre compañeros.
Pero si decidimos ser creativos en nuestro propio beneficio, y formamos una definición en la mente con nuestros recursos, el resultado varía dependiendo de la persona, pero es posible que quede algo del estilo: Es una relación entre dos o más personas en la que entra en juego la capacidad de convivencia y la honestidad de cada cual a la hora de tomar decisiones conjuntas, de manera que no siempre se beneficie el mismo conjunto.

Dulces sueños


Con los pies fríos. Con la nariz tapada. Con el pelo enredado. Con la mano derecha colgando. Con la camiseta medio subida. Con la boca abierta. Con las piernas encogidas. Con el sueño más profundo.

jueves, 20 de octubre de 2011

Historia de un pesimismo.


Descuartizarán cada un de tus puntos débiles hasta hacerlos trizas, hasta quemar tu último aliento de paciencia. Conseguirán darle la vuelta a tu vida, que no es perfecta, pero nunca será tan imperfecta. Y cada día tu conciencia te recordará lo feliz que fuiste hasta conocer a esas personas. Te recordará que el piano de tu cabeza nunca más volverá a tocar esa melodía suave y dulce que tanto te gusta. En cambio, te atormentará con sonidos estridentes y canciones melancólicas. Desde  que se cruzaron por tu camino estás destinada a sufrir paulatinamente mientras ves como te arrancan tu vida de las manos y te obligan a vestirte con un traje de agujas afiladas y oxidadas. Y, como si tu mente te estuviera obligando a clavarte tú misma las agujas, pensarás que toda la culpa es tuya, que debiste haber elegido otro camino y que eres tú la diferente, porque no piensas como esos seres humanos inhumanos, porque tienes, o al menos tenías, corazón, hasta que se congelará tanto que terminará convirtiéndote en una persona fría. Y es cuando empieces a creer que nunca volverás a tener vida y  que te pasarás el resto de tu existencia vagando por ningún lugar en busca de una excusa que nadie pueda creer para poder no vivir tranquila, cuando desde el subsuelo verás una sombra que no te dejará apartar los ojos de ella, que te obligará a sentir curiosidad. Será su halo de misterio lo que más te atraerá, y no podrás evitar seguirle con la mirada. En un susurro que el viento querrá impedir, te pedirá que le sigas. Tú lo harás. Le seguirás. Le seguirás detrás de tus ojos. Ojos que no levantarán la vista de esa extraña sombra. Tal vez porque no podrán, o porque  no querrán ver al propietario de la sombra que te guiará a algún lugar. Cuatrocientos veintidós pasos y medio después se detendrá. Y, sin que te de tiempo a reaccionar, un fuerte destello de luz inundará tu cara cegando tus ojos, penetrando en tus retinas. La luz entrará tan dentro de ti que sentirás que te absorbe, que hará que desaparezcas. Pero no tendrás miedo y, como un acto reflejo, te lanzarás a luchar contra eso que quiere deshacerse de ti, que intenta borrar tu identidad para que nadie sepa que alguna vez exististe…
No puedes renunciar a tu pasado, ni puedes cambiar tu futuro. Tus pasos ya están escritos.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Cuántos estornudos caben en una mano?


El día que existan las personas dejaré de creer en las mariposas. Dejaré de querer alas para volver a querer mi voz. El día que las personas dejen de interpretar un papel que no les corresponde me sumaré al teatro de la vida en donde no se puede tener todo, pero tampoco hay dinero que lo compre. El día que las puertas cerradas decidan suicidarse, me comprometo a comprarle un pomo a mis ideas. El día que los mosquitos dejen de picar, tus ojos perderán su profundidad. El día que los zapatos de tacón sirvan para andar, renuncio a los ositos de gominola. El día que los lapiceros tengan mina infinita, prometo construirte una casa de algodón de sal. El día que inventen la empatía, tiraré el amarillo a la basura. El día que me digas te quiero, recordaré que ese día jamás llegará.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Ten cuidado con los tacones.


"No voy a sentirme mal si algo no me sale bien, he aprendido a derrapar y a chocar con la pared" Es lo que he alcanzado a escuchar desde el asiento más atrasado y arrinconado del autobús. Es la radio del conductor que se ha dado el lujo de soltar  tal frase. Así, a pelo, sin dirigirse a nadie en concreto pero aludiendo a todos los presentes. Lo que no sabe es que inconscientemente ha conseguido darme una de esas lecciones que retienes hasta que te salen arrugas en la cara. Sutil pero directa, casi como un flechazo,  oír esas palabras me ha hecho despertar, literalmente. Lo cierto es que en esta fría tarde de Octubre  mi alma está tan angustiada que parece una pasa, pero  estas oportunas palabras me han hecho reaccionar y valorar que, tal vez, mi vida no es tan horrible como creo que es, y que no importa si un día te das de morros contra el suelo por arriesgarte a hacer algo que te da miedo. Que si te levantas con la nariz rota y miras hacia delante, puede que te encuentres con una buena tirita. O no. Aunque yo prefiero partirme diez narices a no intentar si quiera tropezarme.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Tomaré un café con leche, gracias.

Tiramos hacia delante, el pasado está muy visto. Aunque a veces recordar su aroma nos aporta parte del presente.
 Siempre pensé que el pasado es como el café: tiene color, olor, sabor y es muy personal. Unos poseen un pasado fuerte, oscuro y sin una pizca de dulzura. Un café agrio. Otros en cambio se empeñan en aclarar la oscuridad de sus vidas hasta un punto medio en el equilibrio entre lo bueno y lo malo. Un café con leche. Aparecen esas personas que le buscan el sexto sentido a la vida. Un cappuccino.Y luego están esas otras personas cortadas cuya vida es breve pero intensa que nunca se atrevieron a perder el sueño. Un corto descafeinado de cafetera.
Qué fácil es clasificar el café, pero que complicado es acertar en la elección. ¿Hablamos de café o de nuestras vidas?

jueves, 25 de agosto de 2011

Si lo llego a saber me quedo en casa.

Somos despreciados por el mayor misterio que jamás existió, al cual algunos no le encuentran sentido, otros creen que es el mejor regalo que te pueden hacer nunca y otros la mayor desgracia. Efectivamente, es la vida.

miércoles, 24 de agosto de 2011

No siempre me va bien.

Supongo que así cierra otro capítulo de mi curiosa existencia. No lo vi venir, tampoco lo noté en tu mirada aunque mi entorno lo pilló al vuelo...Decisiones que cuestan, respuestas que duelen y un cúmulo de sentimientos mezclados por las turbulencias de mi corazón. Y ahora, cansada de pensar, cansada de saber que todavía queda mucho por escribir en mi historial. Cansada de perder los papeles cada vez que algo no me sale bien. Cansada de tantas cosas he decidido dejarme llevar por mi misma sin influencias y sobretodo olvidarme de hacer planes. Me fio del tiempo, él sabrá lo que hace con mi vida.

sábado, 20 de agosto de 2011

Y que la vida siempre te sonria.


Hasta aquí hemos llegado. Creí que nuestra amistad tendría más primaveras, más noches de verano al teléfono, más fríos inviernos llenos de abrazos. Pero me confundí, a lo mejor esperaba más de ti o menos de mi…no lo sé. Lo que si sé es que aun no se cual es el final ni cuando ha sido. Supongo que son cosas que te esperas pero que nunca te llegas a imaginar que pasarían. Después de tantas risas y lagrimas compartidas siento que hay un vacío en mi vida difícil de reponer. Siento que no es el momento de despedirnos, que ha habido un error y se han confundido de amigas. Y no sabes cuanto te he llegado a querer y aún te quiero…Solo quiero que al menos me recuerdes como esa amiga que por muchos defectos que tenga jamás te ha dejado sola. Esa amiga que logro sacarte miles de sonrisas con sus tonterías. Esa amiga que pase lo que pase siempre que se acuerde de ti sonreirá. Esa amiga que les hablará de ti a sus hijos y posiblemente nietos. Esa amiga que les dirá que fuiste una buena amiga, de esas que hay que conservar, pero que no pudo ser. Ya me despido, supongo que esto es un: hasta siempre amiga.

viernes, 12 de agosto de 2011

Hagamos teatro.


Si, las malas personas existen. Al principio engañan, parecen encantadoras, pero detrás de una cara agradable pueden esconderse las peores intenciones que te imaginas…
Mi forma de ser me obliga a creer que la gente actúa mal porque existe algo que le saca lo peor de dentro, que nos pasa a todos. Pero cuando tratas de encontrar el motivo que alguien puede tener para amargarte la vida sin encontrarlo piensa mal y acertarás: esa persona no es buena.
Puede que la vida se haya portado mal con ella o simplemente le caes mal y nadie le enseñó a dar oportunidades a los demás.

Atrapado en tu libertad.


Que no consigues lo que quieres. Las cosas no resultan como las ideaste. En tu mente todo fluye con mayor facilidad, sin problemas…¿Aseguraste tu terreno a tiempo, o es que aún crees en el espacio común?
No habrá quien se atreva a decirte cuando respirar, pero si te dará las pautas para vivir. Quieres hacer las cosas a tú manera, y ni siquiera eres capaz de conformarte con lo que te dan. Somos tan sagaces, queremos más y más hasta agotar la paciencia de nuestros recursos, que decide abandonarnos por caprichosos. Entonces es cuando empezamos a valorar realmente  eso tan increíble que nos alegraba los minutos de existencia, su mirada inocente buscaba algo más que pasar un buen rato. No te veía como un simple objeto al que usar hasta desarrollar todas sus funciones mientras vas eligiendo otros productos…nadie se merece eso.
Quizá sean imaginaciones mías, ojalá, pero solo se alcanza la verdad partiendo de alguna locura. Mi locura es que no me quieres. Tu locura, quitarle la magia a los sentimientos. Mi verdad es que tenemos intenciones muy distintas. Tu verdad es que no cambiarás. Nuestra realidad, que no hay más allá de mañana.

lunes, 18 de julio de 2011

Ven conmigo a ninguna parte.

-¡Vamos, nos esperan ahí fuera!. No es una limusina, no es el príncipe Ken, tampoco hay una alfombra roja con fotógrafos a los lados esperándonos. Te aseguro que el lugar al que vamos no es una megafiesta vip en una playa privada de Miami, ni un evento envidiable por medio mundo. Pero para mi es más que todo eso. Y ahora que te he llenado de curiosidad e impaciencia es hora de salir y...¿Sorprendido?
-Pero si no hay nada nuevo, está todo igual...
-Exacto, podría alquilar una limusina para nosotros dos pero prefiero despeinarme en tu vieja vespa mientras te rodeo con mis brazos sintiéndome así más segura que en el mejor coche con el mejor chofer del mundo.
- Wow! Creo que iré sacando la moto del garaje..
-Espera, ¿no tienes curiosidad por saber quien es mi príncipe Ken, o a dónde te quiero llevar?
- Sorpréndeme, siempre lo haces, desde que te conocí no ha habido día que no me sorprendas.
- No hay príncipe, no lo necesito. Yo me quedo con mi "vaqueros desgastados", con mi "llevo barba de tres días", con mi "soy una marmota capaz de dormir 15 horas seguidas", con mi...contigo.
- Creo que ya no quiero salir por ahí contigo. Me da miedo perderte, me parece que te ataré a mi para siempre y no dejare que nada ni nadie nos separe, te lo prometo.
-Prometer es fácil, lo difícil es cumplirlo... De momento me conformo con que me acompañes esta noche, el lugar es un secreto...


Ley del corazón.

Un  motivo para sonreír de vez en cuando viene que ni pintado. Todos necesitamos que alguien diseñe una sonrisa para nuestra cara, con colores brillantes y duradera a poder ser. Aunque cada vez hay menos diseñadores de sonrisas, la demanda no deja de aumentar. Pero en cualquier caso, la necesidad de una sonrisa y la predisposición a darla no se rigen por las leyes de la oferta y la demanda, sino por la voluntad del corazón.